Propuesta temática del XVI Congreso


El año 1810 es un símbolo para el nacimiento de la Libertad en la Península y buena parte de América Latina. No puede extrañar, en consecuencia, que durante el 2010 se sucedan una amplia y plural serie de conmemoraciones y debates, en un Bicentenario generalizado en el ámbito hispano que resultará especialmente celebrado, pues una palabra, un concepto fundamental, Libertad, se erige en nexo común de todos los programas. Las pioneras Cortes de la Real Isla de León (ahora San Fernando) constituidas el 24 de septiembre de 1810, cuna de la revolución liberal y del parlamentarismo hispano, la Constitución de 1812, la generalización del proceso emancipador en Hispanoamérica y el desplazamiento de la Corona Portuguesa a Brasil, tendría unos resultados de amplio calado político, económico, social y cultural que, en muchos casos, reinventaron unas nuevas realidades en ambos lados del Atlántico íbero.


La revolución liberal de Ida y Vuelta nacida en el ocaso de la primera década del siglo XIX, consecuencia inmediata de la política imperialista napoleónica que movió los cimientos de la monarquía hispana, motivó cambios tan profundos que, junto a la diversidad de juntas, golpes, rebeliones, independencia y constituciones surgidas en las décadas siguientes, se proyectaron durante toda la centuria y buena parte del siglo XX. Las transformaciones demográficas, administrativas, fiscales, socio-culturales y eclesiásticas que surgieron en el último siglo colonial estuvieron vinculadas con innovaciones administrativas, mercantiles, fiscales, tecnológicas y revolucionarias que filtraron desde Europa en las Américas por medio de decretos, correspondencias, prensa, folletos, libros y funcionarios enviados a ultramar.


Germinaron convergencias, divergencias, paralelismos y singularidades que en el desarrollo de los procesos históricos se han ido afirmando a lo largo de los siglos XIX y XX. Hoy, con las nuevas y enriquecedoras perspectivas abiertas tras el derrumbe del hasta hace solo una décadas consenso historiográfico es, tal vez, más necesario que nunca profundizar y evaluar la situación político-social de la Península y el complicado proceso de formación de los nuevos estados independientes y su conformación dentro de una economía progresivamente dependiente. Se dispondrá entonces de renovadas ocasiones para analizar las nuevas realidades de ambas orillas del Atlántico, así como las contradicciones que el citado tipo de crecimiento económico y social va a provocar, especialmente, durante el siglo XX.


En los tiempos actuales de la globalización, la relevancia de las fronteras de los estados nacionales parecen difuminarse. Además, surgen fortalecidos por organizaciones supranacionales, nuevos protagonistas y nuevos grupos, hasta ahora marginados. Queda por ver si a través de este proceso se termina con los residuales focos de exclusión aún vigentes y se desarrollan sociedades que funcionen de manera fundamentalmente incluyente. Es decir, resulta necesario reinventar las intenciones pluralistas de las Cortes de la Real Isla de León y de la Constitución de 1812 para consensuar la necesidad continuar integrando a sujetos sociales considerados por largo tiempo marginados en la historiografía. La historia social y de género, la apuesta decidida por la historia cultural y la ecohistoria, son, entre otras, realidades históricas que merecen un esfuerzo integrador.